sábado, 25 de marzo de 2017

Madre Tierra


Siempre fui una madre generosa:
me bastaba para nutrir a todas las criaturas
acogidas en mi seno. Os di un hogar provechoso.
Atendí vuestras necesidades desde que se me distinguió,
en singular privilegio, con el don de la vida.
Vuestros hermanos mayores supieron cuidarme,
entregándome íntegra a las generaciones venideras.
Pero vosotros, mis hijos más ingratos, me explotáis,
me abusáis, me esquilmáis, me contamináis…
ni me reconozco convertida en este estercolero.
Soy una vieja prematura y mis pechos están yermos.
Agonizo. Socorredme pronto.
Yo, vuestra madre Tierra.

Con este poema quedé finalista el la antología SEMILLAS DEL BOSQUE, de Playa de Ákaba

martes, 21 de marzo de 2017

Un poema es




Hoy, 21 de marzo es el día de la poesía y por eso os quiero dejar este poema, que es de los primeros que compuse, titulado:
Un poema es 
Un poema es...
un punto en el océano
mirado con lupa, 
un sentimiento disecado.
Algo que nunca ocurrió, 
intangible y sin materia.

Palabras que se hilan, se entretejen
componiendo una historia mínima 
que el poeta
amplifica y empequeñece según su antojo,
que distorsiona, que deforma
y que transforma
al pasarla por el crisol de su pluma.
  
Un poema es...
una estrella en el firmamento, 
un grano de arena,
un bosque en el que trinan los pájaros,
la corriente turbulenta de un río
y la cristalina transparencia de un lago.

Palabras que nos hablan
directas al corazón,
de la soledad, del silencio,
de ilusiones y anhelos,
de tristeza y desesperación,
de dolor, de amor
y de todas aquellas cosas
que forman parte de la vida cotidiana,
y a las que no damos, apenas, importancia.

Un poema es...
el vaivén de las olas en la playa,
los ojos de la persona amada,
una tormenta de verano,
una mirada cálida,
el perfume de una rosa,
la música que embriaga,
una frase de aliento,
la luz de una llama,
el latido de un corazón sombrío,
el olor de la tierra mojada.

Audiopoema 

domingo, 19 de marzo de 2017

Cautiva (parte 2): Me despido


Anoche vino Javier, mi marido. Al llegar me besó en los labios y me agarró de la mano, como siempre. Pero a partir de ese momento las cosas se desarrollaron de manera diferente. Lloró de manera desconsolada durante mucho rato. Como no puedo mirar el reloj, no sé exactamente cuanto, pero se me hizo una eternidad. Yo hubiera querido hacer algo para confortarlo. No puedo verlo así, porque me entristece demasiado. Prefiero verlo alegre, aunque sea una alegría falsa, una careta que se pone para hacerse el fuerte delante de todos. Pobre… Mi situación es mala, pero la suya tampoco es envidiable. Tan joven y ni viudo ni casado, sino todo lo contrario. Encima, haciendo de madre y padre para nuestros hijos. ¡Cuánto me gustaría ayudarlo!

Al cabo de un buen rato, cuando ya se desahogó, se enjugó las lágrimas y comenzó a hablarme.

―Virginia, querida. La de hoy no es una visita más. He venido a decirte algo muy importante… No puedo ser tan egoísta. No puedo retenerte más. Tú lo sabes…

De repente se interrumpió y se recostó en la cama junto a mí. ¡Dios, cuánto tiempo sin sentir su cuerpo junto al mío! ¡Cuánto tiempo sin sentir palpitar su corazón!

―Lo he estado hablando con Marta y los doctores que te llevan aquí, en el hospital. Estamos todos de acuerdo y te vamos a desconectar. Para que descanses por fin… Por tu bien, por el de todos…

No me podía creer lo que decía. «¡Para ya! ―trataba de decirle mentalmente― ¿Pero no ves que estoy viva todavía? ¿Tan solo tengo cuarenta y dos años? ¿De verdad crees que estoy preparada para morir?».

—Será mañana a primera hora. Te sedarán y luego seguirán el procedimiento habitual. Es para asegurarse de que no sufras nada… Lo siento, mi vida, perdóname ―me susurró al oído y me besó de nuevo.

Luego se marchó.

No he podido dormir en toda la noche y aquí estoy, esperando mi muerte. Mi rebelión inicial se ha trocado en resignación. Soy una especie de fantasma. Creo que al final no es tan mala idea. Sé que me liberaré por fin de este cuerpo inútil. Pero confieso que tengo miedo, no a la muerte en sí, sino a dejar de existir. No dejo de preguntarme si hay otra vida. Si hay un alma que trasciende a la materia de la que estamos hechos.

Os dejo, que ya vienen a prepararme…

domingo, 12 de marzo de 2017

Cautiva (Parte 1): Me paso la vida esperando

¿Sabéis qué significa el síndrome de enclaustramiento? Yo tampoco tenía ni idea hasta hace unos meses. Os lo voy a explicar. ¿Os imagináis estar plenamente conscientes dentro de un cuerpo inerte, que no responde a ninguna orden del cerebro? ¡Pues de eso se trata! ¿Horrible, verdad? ¿A que tan solo de pensarlo se os pone la carne de gallina? A mí también. Es que no me acostumbro a la situación. Veo a los médicos y enfermeras hablar entre sí, aunque nunca se dirigen a mí. Ellos creen estoy en coma, pero no es verdad: tan solo tengo un cuerpo desconectado de mí misma, un cuerpo que no me obedece.
Oigo y entiendo todo cuanto dicen. Escucho sus pasos o sus voces acercarse por el pasillo y ya sé a qué vienen. Por la mañana, a primera hora, toman la temperatura a todos los pacientes. Después traen el desayuno, que a mí me dan por sonda, al igual que el resto de las comidas, ya que no puedo tragar por mí misma. A continuación vienen las auxiliares a lavarme y hacer la cama y, un poco más tarde, los doctores pasan la consulta. Luego, la hora de la comida, por la tarde las visitas, la cena, hora de dormir y otra vez vuelta a empezar. Y así día tras día.
En algunas ocasiones sucede al revés, primero vienen los doctores y luego me asean. Tengo que decir que esa situación me violenta muchísimo. Prefiero estar ya arreglada y oliendo a colonia cuando llegan. ¿Qué queréis que os diga? Siempre fui muy coqueta y no voy a cambiar a estas alturas por muy impedida que esté.
En mi nueva vida, que casi sería mejor llamar no vida, me aburro mucho. Tengo demasiado tiempo para pensar, que es lo único que puedo hacer además de ver, oír y callar.
En cuanto a la vista, estoy condenada a mirar el techo o la pared la mayor parte del tiempo, lo cual llena mis horas de tedio. A veces me entretengo buscando pareidolias. Si me concentro puedo distinguir claramente los trazos de un paisaje campestre, con el sol ocultándose tras las montañas. Me imagino que yo estoy allí, sintiendo la brisa del atardecer en el rostro. Hasta me llega el aroma del romero y la lavanda… Pero ya me cansa también ese pasatiempo.
A veces me giran del lado del aparato que me hace respirar. Entonces me entretengo mirando la pantalla, con los gráficos y cifras que van cambiando según introduce o saca el aire en mis pulmones. Tiene algo hipnótico que me encandila y me mantiene distraída durante horas.
Tan solo cuando alguien se cruza de manera casual en mi campo de visión, puedo ver a alguna persona. Bueno, también veo a mi familia cuando me visitan porque se suelen acercar a besarme, a abrazarme. Además de verlos, puedo sentir algo de calor humano. ¡Mi piel contra otra piel!
La verdad es que estoy rodeada de gente a todas horas, pero me siento muy sola. Nadie puede acompañarme durante mucho tiempo en el lugar en el que estoy: atrapada en mi propio cuerpo. A pesar de mi patente corporeidad, soy invisible a los ojos de los demás. En general, actúan como si yo no estuviera.
―Pobrecitos, los niños. Quedarse sin madre tan pronto. ¡Lástima! ―«Marta, hermana, mírame a los ojos. Escucha mi voz interior. Sigo aquí. ¿Pero es que no te das cuenta?»―. ¡Criaturas! Menos mal que aún les queda su padre ―añadió entonces para mi desesperación.
Mi hermana Marta, mirando el lado positivo… Es así, no lo puede remediar: optimista por naturaleza. Ya puede suceder la mayor tragedia del mundo que ella siempre piensa que hay que dar gracias porque podría haber sido peor. Me gustaría decirle que me los trajera, a mis niños. ¡Tengo tantas ganas de verlos! ¿Pero cómo? Si no puedo hablar ni moverme. ¿Cómo podría hacerme entender?
Sé que Marta me quiere, pero nunca hemos tenida esa clase de conexión que tienen otras hermanas gemelas. De lo contrario lo sabría… Sabría que mi mente sigue aquí dentro. Marta, me quedaron por decirte tantas cosas y ya no podré. ¡Yo también te quiero tanto…! Ahora tienes que vivir mucho y bien. ¡Por las dos!


Continurá aquí 

jueves, 9 de marzo de 2017

Desafíos Literarios 1

Este pasado sábado volví al María Pandora de Madrid para la presentación del libro Desafíos Literarios 1, la primera criatura de los autores desafiantes de la web desafíosliterarios.com. 
Fue estupendo conocer en persona a todos los compañeros de armas (no quiero nombrar a ninguno
en concreto por no dejarme a nadie pero ahí estuvimos todos estupendos). También estuvo Enrique Brossa, alma mater de toda esta historia (en sus propias palabras el dueño del balón con el que jugamos en el patio).  Hubo lleno total y tanto el público como los autores lo pasamos genial en un ambiente de lo más distendido. Como muestra de ello os dejo el vídeo de presentación.
 



 Se grabó un vídeo en directo del evento. Os dejo el enlace AQUÍ.