miércoles, 5 de julio de 2017

Presentaciones de "Y amanecerá otro día" en alicante


Consigue el libro aquí





La semana pasada, los días 29 y 30 de junio presenté mi nuevo libro Y amanecerá otro día en Alicante, en dos ambientes muy cercanos desde el punto de vista geográfico, pero diferentes entre sí a más no poder. 









El jueves 29 hice mi presentación en un ambiente serio y académico y con poca afluencia de público (todo hay que decirlo). Sin embargo, la sala que me cedió el Colegio de Médicos a tal fin fue impecable: cómoda, con una acústica excelente y con el aire acondicionado funcionando de maravilla.



Al día siguiente, el viernes 30 lo hice en la Casa de la Cultura de Sant Joan d'Alacant. La sala que se estaba prevista en principio, la de conferencias, no desmerecía para nada a la del día anterior. Pero una imprevista avería en el sistema general del aire acondicionado nos obligó a trasladarnos a otra sala que se acondicionó sobre la marcha para el acto. Lo cierto es que allí hacía un fresquito de los más agradable y tan solo la gran asistencia de numerosos conocidos y amigos fue capaz de subir, en el mejor de los sentidos, la temperatura ambiente.

sábado, 24 de junio de 2017

Entrevista para Letras encadenadas acerca de La luna en agosto


El pasado miércoles 14 de junio Miguel Ángel Cáceres me entrevistó para su emisora online Letras encadenadas. Aquí os dejo el link del podcast para que lo podáis escuchar. La entrevista versó acerca de mi novela La luna en agosto.

A continuación os dejo una transcripción de la misma.


Cuál es su biografía literaria?
Yo empecé a escribir bastante tardeEn un principio comencé escribiendo poesía y algo más tarde me atreví con el relato breve. Concretamente, el segundo que escribí titulado Teresa lo envié a al I Certamen de relato Nitecuento (2002), que lo organizaba  la revista del mismo nombre ahora desaparecida. Quedé finalista y el relato se publicó en La Antología del I Certamen Nitecuento. Esto fue un incentivo muy grande para continuar escribiendo, aunque es una actividad que no he hecho de manera regular a hasta el año 2015. Hasta ahora publicado dos poemarios: El jardín secreto (2003) y Paisajes propios y extraños (2016). Mi única novela publicada hasta ahora es La luna en agosto (2015). He participado en varias antologías poéticas y de relato breve con Ediciones Lord Byron (30 poéticas, 2008), Literup (La isla del escritor) y Editorial Playa de Ákaba (Refugiados, Ulises en la isla de Wight, Crímenes callejeros, El oasis de los miedos, Personajes de novela, No me silencies, escúchame, Generación Subway vol. VI (Tainted love), Semillas del bosque, Mujeres sin Edén, Ulises en el Festival de Cannes  y Cosas que nos importan. Y ya para terminar en mayo presenté Y amanecerá otro día, una recopilación  de relatos, dentro del I Passion Book (organizado por Playa de Ákaba y EspacioUlises).

¿De qué trata la sinopsis o argumento de La luna en agosto?
Alicia tiene una terrible discusión con su novio Ignacio, que es un joven taciturno de oscuro pasado. Tras la pelea, este desaparece durante varios días sin dar ninguna explicación. Alicia, dando por terminada la relación, decide emprender un viaje, ya que necesita poner tierra de por medio. En el transcurso del mismo le suceden una serie de peripecias. Entre otras cosas conoce a Alberto que la ayuda con las dificultades que se le van presentando. Ignacio, por su parte, después de recapacitar sobre lo ocurrido y tras saber que ha sufrido un accidente, sale a su encuentro, tarea que no le va resultar nada fácil.

¿Cómo son en síntesis los personajes de Alicia e Ignacio?
Alicia es una chica corriente, de nuestro tiempo. Viene de una familia tradicional y tiene esos valores que le han inculcado.  Está enamorada de Ignacio y cree en su relación, pero sabe que tiene secretos con ella, que ni mucho menos le cuenta todo. Ella le da tregua con sus rarezas (porque conoce ese pasado tormentoso de él, aunque no por su boca). Sabe que no quiere tener hijos y lo acepta. Quiere complacerlo en todo lo que esté en su mano. Pero quiere algo a cambio: la confianza de él, algo que todavía no ha conseguido. En el momento en que él no le quiere dar ningún tipo de explicación acerca de su infidelidad, ella se replantea la continuidad de la relación. Porque, aunque sea tradicional, también es moderna e independiente y quiere una relación en igualdad. Ignacio es un joven que ha tenido una infancia y una juventud muy difíciles y que en un momento dado tomó decisiones equivocada por las cuales ha tenido que pagar unas consecuencias. Todo su pasado es el que le hace ser quien es: una persona reservada en exceso y que no se confía a nadie, ni aún a Alicia que es la persona más importante de su vida. Ha tenido importantes carencias afectivas y de alguna manera está marcado, aunque en la actualidad aspira a llevar un vida normal. Se podría decir que Alicia e Ignacio proceden de dos mundos diferentes y eso es lo que hace que en determinados momentos su entendimiento resulte tan difícil.

¿Qué diferencias hay entre los personajes de Ignacio y Alberto?
Yo diría que aparentemente son diametralmente opuestos. Ignacio es un personaje difícil, complicado. Todo con él cuesta un esfuerzo. Por el contrario,  Alberto es sencillo, tiene un trato mucho más fácil. Con el todo fluye. Sin embargo, en el fondo no son tan diferentes y ambos aspiran a lo mismo.

¿La luna en agosto brilla en todo su esplendor?
Cuando me planteé escribir La luna en agosto, sobre el año 2000 más o menos, fue una especie de reto. Mi experiencia consistía únicamente en unos pocos poemas y relatos breves y quise saber si era capaz de escribir de manera coherente una historia más larga y lo cierto es que me surgieron algunas dificultades. Mi falta de experiencia de entonces se refleja en los pocos diálogos como también en algunos pasajes en los que tiendo a ser algo redundante (y eso que antes de decidirme a publicarla le hice una buena poda). Todo en la vida es mejorable y creo que de haberla escrito ahora, aunque no variara nada de la historia sería una obra diferente, “ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos”, siguiendo el discurso de Heráclito. La edición tampoco es perfecta, ya que contiene algunas erratas y a día hoy seguramente la editaría mejor.
Por lo que respecta a las lunas de agosto son un espectáculo maravilloso, pero es cierto que sus influjos pueden resultar algo malévolos. En el fondo todos tenemos algo de lunáticos. Si la luna influye en todo el planeta y lo podemos comprobar en su efecto sobre las mareas y el ciclo lunar influye también en la biología de muchos seres vivos, sería iluso pensar que los humanos nos libramos de esa influencia. Además, la época estival es proclive a facilitar las crisis de pareja porque en vacaciones tenemos una convivencia más estrecha. Al menos lo indican así las estadísticas.

¿Los hombres tienden normalmente a no querer afrontar la realidad, a no enfrentarse a los problemas en una convivencia, en una relación en pareja?
Es cierto que, en líneas generales los hombres tienden a ser menos comunicativos que las mujeres y no suelen hablar mucho acerca de sus emociones o sentimientos. Sin embargo, el hecho de afrontar o no con valentía los problemas vitales no creo que sea una cuestión de sexo, o cómo se suele decir ahora, de género. Creo que depende fundamentalmente de la persona y más en concreto de su temperamento. Creo que en mi novela, si bien Ignacio tiene un carácter más retraído y se niega en un primer momento a afrontar la crisis de su relación con Alicia, Alberto, también un hombre, se muestra mucho más franco al tratar con Alicia ciertos temas (no digo más para no revelar la línea argumental de la novela).

¿La convivencia diaria desgasta mucho en cualquier relación interpersonal?
La convivencia por supuesto que desgasta. Cuando se empieza con una pareja, al principio los dos se gustan, hay un interés recírpoco, pero en realidad no se conocen. Cuando alguien queda con su pareja para salir, o para un viaje, p.e. aunque no se haga de manera consciente se suele mostrar la mejor cara. Es en el día a día cuando ya no se ve tan solo la parte buena y empezamos a ver que esa persona que teníamos idealizada no es perfecta. A veces son cosas sin importancia, pequeñas discrepancias en la forma vida o pequeñas manías que nos sacan de quicio. Todo pareja que aspira a tener una continuidad en el tiempo, no tiene más remedio que intentar adaptarse el uno al otro, de lo contrario el proyecto de vida en común estará abocado al fracaso. Por otro lado, opino que allá donde no puede llegar nuestra comprensión acerca del modo de ser de nuestra pareja siempre tiene que imponerse el respeto. No hay otra manera.

¿Por lo general, los hombres confunden el significado de la palabra “hombría” en sus actitudes cotidianas?
Esta pregunta me resulta un poco difícil partiendo de la base de que nunca he sido hombre. Por lo tanto solo puedo opinar como una mera observadora, aunque me avala la convivencia previa con mi padre y también con hermanos, primos, amigos, marido e hijos varones. También me relaciono con hombres en el ámbito laboral. Y sí, creo que a veces se quedan en la superficie de lo que puede significar “ la hombría”, que no deja de ser una expresión un tanto rancia. Probablemente es la propia sociedad la que inculca ciertos estereotipos que deberían superarse: como que los hombres no lloran, que no visten de determinados colores o no hacen según que cosas. Yo he escuchado a mis hijos la expresión “esto no lo puedo llevar que es muy gay”, por ejemplo. Como anécdota personal tuve que deshacerme de un chandal  porque mi hijo, que entonces era pequeño cogía un berrinche cada vez que se lo ponía. La explicación me llegó después y era porque sus amiguitos le dijeron en alguna ocasión que parecía de chica. El chandal en cuestión era azul marino y la única decoración que llevaba era un dibujo de Piolín por la parte de delante de la sudadera. Pues no hubo manera...




¿La vida nos tiende trampas de las que debemos salir con astucia y valentía?
Está claro que aunque tomemos la existencia del ser más feliz de la tierra, siempre se le van a presentar conflictos que tendrá que resolver conforme vayan apareciendo. A veces ansiamos un logro concreto y cuando lo alcanzamos nos damos cuenta de que, lo que objetivamente es un triunfo, trae consigo una dificultad  que no habíamos previsto y nos agua un poco la fiesta. La vida nos está tendiendo este tipo de trampas continuamente y hay que ser valiente. Si te acobardas y no le plantas cara, mueres muchas muertes. Es evidente que no va a tener el mismo tipo de conflictos alguien que tiene una situación económica desahogada y otra persona que lucha por conseguir ganarse el pan cada día y que pertenece a una clase más desfavorecida o, por poner un ejemplo las personas que están en medio de un conflicto bélico como pueda ser ahora Siria. Pero vivir consiste en ir resolviendo los conflictos que se nos van presentando.

¿Las personas adultas a veces somos más inmaduras que los propios niños?
Todos llevamos a nuestro niño interior y sí, es posible que lo saquemos a pasear en determinadas situaciones o determinados temas que nos pueden, las chiquilladas no solo las hacen los niños. Un ejemplo simple podría ser comer a escondidas algo que sabes que te perjudica. Determinadas actitudes kamikaces como infracciones de tráfico, abuso de alcohol y otras sustancias, peleas, etc. si se reflexionara un poco no se cometerían. A veces la frustración puede ser un detonante. Creo que al niño interior hay que liberarlo de vez en cuando de manera controlada para que no se rebele y nos lleve a situaciones complicadas.

Observo que en su estilo predomina la prosa sobre el diálogo. ¿Se debe, tal vez, a un deseo voluntario de incidir en la introspección? ¿Cree que es más importante hablar de la causa que provoca la acción que del cómo se desarrollan los acontecimientos?
Es cierto que hay muy poco diálogo en mi novela. Para ser sincera mi inexperiencia en el momento en que la escribí posiblemente haya influido. Pero también es cierto que tal y como está planteada necesita mucha introspección de los personajes. Si quitásemos toda esta parte, quedaría todo muy insulso, casi diría que sería una historia descafeinada. No creo que se pueda generalizar ni mucho menos. Siempre habrá historias en que los hechos sean más importante que los sentimientos y pensamientos de los personajes, pero La luna en agosto no es el caso. Aquí lo que más importa son los sentimientos de los personajes. Hay un viaje físico, pero también hay un viaje interior. Al final tanto Alicia como Ignacio han tenido una evolución, que se refleja más allá de sus acciones concretas.

¿Cuál cree que debe ser el papel del escritor: debe controlar cada pequeño detalle y giro del relato o debe, por el contrario, dejar que la historia evolucione libremente, sin seguir un esquema previo?
Supongo que cada maestrillo tiene su librillo. Si el resultado es bueno todo vale. Yo, en lo laboral soy una persona muy disciplinada y quizás un poco rígida. Cuando escribo me desquito. Pienso mis argumentos a grandes rasgos, pero dejo respirar a mis personajes, no los ato en corto. Y tengo que confesar que a veces me han sorprendido.

¿En los pueblos está mal visto que una mujer invite a un hombre?
Vivimos por desgracia en una sociedad muy machista y creo que en los pueblos, principalmente si son muy pequeños, esto se puede notar todavía más. Ojo, en las ciudades también puede pasar, lo que ocurre es que una ciudad el anonimato protege de ese tipo de chismes o habladurías. En un pueblo, y más si es pequeño, al día siguiente puedes estar en boca de todo el mundo.

¿Está usted de acuerdo con el aforismo "el amor con amor se paga"?  
Nunca he tenido muy claro el significado. Quiero decir que se puede tomar tanto por el lado bueno, que el verdadero amor siempre se corresponde, como por el contrario: si haces mucho la puñeta a alguien al final el palo te llega de vuelta, como una especie de justicia kármica o algo así. Aunque creo que la vida suele ser bastante injusta y se ceba con algunas personas, sí pienso que en líneas generales el amor atrae al amor y el odio atrae al odio. Así como que el bien genera bien a su alrededor y el mal ídem de ídem.

¿Está contenta con el nivel de lectura alcanzado por La luna en agosto?
Es lo que pasa cuando nadie te conoce: puedes haber escrito una gran obra, que la difusión es difícil. Yo lo hice todo sola, como muchos otros autores independientes, sin el respaldo de nadie. Tampoco puedo dedicarme a hacer promoción constante en la RR. SS.  y la que haya podido hacer igual tampoco ha sido de la manera más eficiente, pero si he de juzgar por los libros vendidos, el impacto ha sido más bien escaso. Los ejemplares los he vendido todos prácticamente a familiares conocidos y conocidos de mis conocidos. Este aspecto es un poco desalentador.

¿Seguirá por el sendero de la novela romántica o cambiará en un futuro más o menos próximo de género y subgénero literario?
En realidad es algo que ya he hecho en mi nuevo libro Y amanecerá otro día. Ninguno de los relatos es de género romántico. Con La luna en agosto no me propuse en ningún momento escribir una novela romántica, simplemente ocurrió que yo tenía una historia que contar y encajaba al cien por cien es este género. Por el contrario en el libro que acabo de publicar ningún relato puede adscribirse a este género. Sin embargo, en el momento en el que vuelva a tener una historia romántica que me seduzca, porque a la primera que tiene que gustarme la historia es a mí misma, no tendré ningún inconveniente en repetir con este género que me ha proporcionado tantas satisfacciones. Por otra parte son muchos los lectores que me han pedido la continuación de La luna en agosto, y aunque en principio había contemplado esa posibilidad, no descarto que en un futuro más o menos próximo no escriba una segunda parte. 







lunes, 5 de junio de 2017

Entrevista en Letras encadenadas



El próximo miércoles 14 de junio Miguel Ángel Cáceres Cáceres, redactor de la web Letras encadenadas, me hará una entrevista online para su emisora. Comenzará a las 19:00 h. y versará acerca de mi primera novela La luna en agosto. Podéis hacer preguntas en las RR. SS. utilizando la etiqueta #LaLunaEnAgosto. Cuando esté el podcast pondré el enlace en esta misma entrada para que lo podáis escuchar. 
La verdad es que será mi primera entrevista y estoy un poquitín nerviosa por ello.

Tal y como comenté hos dejo el podcast de la entrevista

domingo, 28 de mayo de 2017

Ninguna playa


En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado
que agoniza de olvido.
En mis manos enjutas 
una flor marchita
y en mi pupila,
prendida una lágrima.

Hoy, vestida de invierno
lanzo mi última música
para invocar aquella primavera
que pasó de largo
en busca de más fértiles riberas.

Supervivo a todos los naufragios
mas vivo a la deriva:
isla ignorada de un mar
que no me entiende.
No ansío ya ninguna playa.

Ya escribí mi última página.
Soy más vieja que mis años, que
el dolor envejece más que el tiempo.
No lloréis por mí:
cuando muere un poeta 
no pasa nada...

En cursiva están los versos de Gloria y en redonda los que he compuesto yo para este homenaje a la poeta.

viernes, 19 de mayo de 2017

Y amancerá otro día (presentación y epub)

Os espero a todos en el I Passion Book, que se celebrará este domingo 21 de mayo en Madrid (podéis consultar el programa pinchando en el enlace). Se trata de un macro evento literario organizado conjuntamente por Espacio Ulises (el universo de los relatos) y la editorial Playa de Ákaba.

Entre otros muchas novedades editoriale se presentará mi nuevo libro Y amancerá otro día que ya está a la venta en papel y en digital.

sábado, 13 de mayo de 2017

Nefertiti, la bella



Hoy os dejo con este poema dedicado a la misteriosa reina egipcia, Nefertiti. El poema se titula Nefertiti, la bella.  

Tu rostro sereno, de proporciones perfectas
mantiene su hechizo a pesar de los siglos, Nefertiti
«la bella ha llegado».
O Neferneferuatón, la reina misteriosa
que se desvaneció de la historia.
Nadie conoce cuál fue tu destino
ni el lugar dónde reposas.
Tal vez todavía tu espíritu
camina bajo el sol ardiente de Amarna
entre las blancas arenas del desierto
y quizás tuyo sea también el lamento de sus dunas.

sábado, 29 de abril de 2017

Día de la madre



Amigas y amigos de la blogosfera. Esta semana tampoco traigo publicación, pero quiero haceros  partícipes de esta tentadora oferta. A los libros, ya os los he presentado en el blog con anterioridad. Son: La luna en agosto, mi primera novela; Semillas del bosque; El oasis  de los miedos y Desafíos Literarios Libro1. Los tres últimos son antologías de relato breve poesía (VV.AA incluida yo misma).

Como ya especifico en el vídeo podéis contactar conmigo en mi Facebook, Messanger o Twitter, o si lo preferís por Google plus o dejándome un comentario en el propio blog. Yo me pondré en contacto con vosotros. 

Si queréis tenerlos para ese día tan señalado no os demoréis, que el envío tarda mínimo un para de días.

Un abrazo

lunes, 24 de abril de 2017

Literania 2017


Ya de vuelta de mis minivacaciones quiero traeros un gran evento literario que no os podéis perder: se trata de Literania 2017, el festival literario de los autores independientes. Se ha organizado conjuntamente por la Asociación Internacional de Escritores Independientes (AIEI) y la Sociedad Cooperativa de Escritores Independientes (SCEI). Si eres autor y te interesa el evento tienes el dossier a tu disposición. Tendrá lugar en el parque de La Vaguada, en Madrid desde el viernes 28 de abril, hasta el domingo 7 de mayo Te puedes descargar el programa pinchando aquí
Habrá muchas actividades tanto para los autores como para el público: ponencias, conciertos, demostraciones gastronómicas, actividades infantiles, representaciones teatrales, recital de poesía y sobre todo libros, muchos libros. Entre los ponentes estarán: Rocío Castrillo, Alberto Vázquez-Figueroa, Enrique Laso, Manuel Salgado, asociación Tártarus, Fernando Fominaya, Ana Nieto Churruca, Ana González Duque, Ainhoa Escarti y Javier Más.
También habrá un maratón de lectura con premios para los participantes (se regalarán los libros que hayan leído durante el maratón y habrá un trofeo para aquellos que hayan dedicado más tiempo a la lectura). Por desgracia yo no puedo asistir, pero mi novela La luna en agosto podréis encontrarla en el stand general y también habrá un ejemplar en el maratón.

viernes, 14 de abril de 2017

Cerrado por vacaciones



Amig@s:
Me tomo unos días de descanso. Os dejo con la contemplación de este impresionante paisaje canario: el Lago Verde, en Lanzarote, isla a la que me dirijo. Nos vemos a la vuelta.
Hasta pronto.




sábado, 8 de abril de 2017

El Savoy

Este es mi relato para la antología Ulises en el Festival de Cannes. La podéis leer también en la web de Espacio Ulises, que premiará al mejor relato con una publicación individual a través de Playa Ákaba. Si quieres participar, consulta aquí las bases. Tienes de tiempo hasta el 19 de abril.


El Savoy


Me lo contó Armando, el dueño del bar Dorado, mientras me tomaba un café rápido antes de volverme a casa.

―¿Te has enterado, Víctor? ¿Te acuerdas…? ¿Dónde el Savoy?

―¡Hombre! El Savoy… ¿Cómo no me voy a acordar? Con los buenos ratos que tengo pasados allí.

En mi rostro se dibujó una sonrisa llena de nostalgia con la sola mención de ese nombre. Aquel era mi cine de referencia, el de mi barrio, el único que había existido en el Palomar desde que yo tenía memoria. Llevaba más de una década cerrado, pero siempre había tenido la ilusión de que sería algo pasajero. Llegaría el día en que un empresario forrado y amante de salas como las de antes se gastaría un pastón en reformarlo y lo reabriría por todo lo alto. Desde que dieron la última sesión tenía la certeza de que algún día el Palomar recuperaría su cine.

―Pues, nada, que me han dicho  que van a demolerlo y abrir un McDonald’s. Ya ves tú que manera de joderle el negocio a uno. Toda la vida luchando para levantarlo y llega una multinacional de esas a quitarte el sustento de tus hijos.

―Hombre, no será para tanto, Armando, tío. Que a los sitios esos no van más que niñatos, ya lo sabes ―traté de quitarle hierro al asunto, aunque aquello también a mí me comía la moral―. Los parroquianos de siempre continuaremos viniendo al Dorado. No te quepa duda. Ya te digo yo que vas a tener clientela hasta que te hartes de ponernos cañas...

Le pagué y me marché a casa. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza aquellas palabras de Armando, porque yo me había pasado media vida en aquella sala y el Savoy significaba mucho para mí. Después de que lo cerraran había añorado su aroma añejo y su aspecto decadente. Allí había visto mis primera pelis de mayores en compañía de mis amigos cuando todavía éramos todos unos imberbes.

Años después, en las butacas de las últimas filas, como era típico entonces, tuve mis primeros escarceos amorosos. Allí estuve con Raquel, con Marina, con Paqui y con alguna más cuyo nombre no me viene ahora la memoria. También llevé a Elvira en nuestra primera cita. Pero con ella quería ir en serio, así que aquella vez nos limitamos a ver la película. Yo astutamente elegí para la ocasión una de miedo, con la idea de que en los momentos de tensión fuera ella la que quisiera arrimarse a mí. La treta me salió tan bien que llevamos juntos más de treinta años y tenemos dos hijos y tres nietos.

Al llegar a casa, Elvira ya me esperaba para la cena. También estaba mi nieto mayor, que se llama Víctor, como yo.

―A ti hoy te ha pasado algo ―dijo nada más verme―. No sé, parece como que traes mala cara, cariño. ―¡Ay mi Elvira! ¡Qué bien me conoce! Para ella soy un libro abierto.

―Nada, mujer. ¿Qué va ser? Que ya es viernes y estoy cansado. Mañana después de haber chafado la oreja a base de bien, estaré como nuevo. Ya verás ―le contesté desviando el tema, ya que no quería cargar al chaval con mis preocupaciones. Ya se lo contaría luego.

―Yaya, a ver si le dices a la mamá cómo haces la tortilla, que a ella no le sale tan buena como a ti. ―Víctor siempre está igual, parece que todo lo que come aquí le sabe mejor que lo de su casa. Cosa de críos, supongo.

―Pues ya me extraña ―dijo ella con la boquita pequeña, ya que esos comentarios le hacen ponerse como una gallina clueca―, si la hace igual que yo. O eso creo… que para eso aprendió de mí.

―Pues algo tiene que ser porque la tuya siempre está más buena, yaya ―insistió el chico―. Aunque ahora, con el McDonald’s ese nuevo que van a poner, te va salir competencia. No creo que puedas hacer las hamburguesas mejor que ellos.

―¿Pero qué McDonald’s dices? ¿De dónde has sacado esa idea, criatura? Porque a mí nadie me ha dicho nada y eso que he estado en la plaza esta mañana.

―Ah, ¿no? Pues en el cole todos hablan de lo mismo. Parece que lo van a hacer donde estaba el cine ese que lleva toda la vida cerrado. ¿Cómo era…? Vaya, que no me sale el nombre ahora…

―¿No estarás hablando del Savoy? ―le preguntó Elvira con cara de incredulidad.

―Muy bien, yaya. Eso es: el Savoy ―dijo el niño entusiasmado―. Ya es hora de que tiren ese edificio tan viejo y pongan algo que valga la pena.

Ella torció el gesto. Entonces la miré a los ojos y vi como una lágrima se le quedaba temblando en el párpado mientras le decía a nuestro nieto en un tono áspero, impropio de ella.

―¿Qué pasa, que todo lo viejo os molesta, o qué? ¿No pueden poner el McDonald’s ese en otro sitio y dejar al Savoy en paz?

Víctor, el pobrecito, se quedó helado. No estaba acostumbrado a esa clase de exabruptos y menos aún de su abuela.

―Mujer, deja que los chavales disfruten. ¿Y a ti que más te da? Si hace un siglo que te digo de ir al cine y no quieres ―tercié yo, tratando de templar gaitas.

Por lo visto, mi intervención logró calmar los ánimos, porque enseguida añadió mientras se le recomponía el rostro:

―Ay, Víctor, hijo, no me hagas caso, que es que parece que ya empiezo a chochear. El yayo tiene razón. Total, el edificio ese ya solo sirve para criar ratas. Seguro que la manzana quedará preciosa y dará mucha vidilla al barrio.


En aquel momento supe que era un hombre afortunado por haber compartido gran parte mi vida con esta mujer excepcional que es Elvira. Sin embargo, el reflejo de sus ojos tristes y cansados me hizo comprender de repente lo viejos que somos. Y me dio mucha pena pensar que una parte de nuestros recuerdos quedará sepultada para siempre bajo los escombros del Savoy.

sábado, 1 de abril de 2017

Y amanecerá otro día



Sale Y AMANECERÁ OTRO DÍA, mi primer libro de relatos publicado por la editorial Playa de Ákaba, que primero me dio la oportunidad de participar en sus antologías y ahora ha confiado en mí para este libro en solitario. Son veintitrés relatos que abarcan desde mi primera época, cuando me atreví a coger la pluma por primera vez, hasta los más recientes. Las historias y los personajes son muy diversos y algunos de ellos ya han pasado ya por las páginas del blog, aunque muchos todavía permanecen inéditos esperando a que los descubráis. Todos ellos están deseosos de convertirse en vuestro favorito.

El lanzamiento está previsto para finales de mes, pero el libro ya se puede reservar en Espacio Ulises.  La maravillosa foto para la cubierta, la ha hecho un gran fotógrafo, el mejor para mí: mi hijo Carlos Lilao Chinchilla.


Como aperitivo os voy a dejar unas líneas del prólogo que ha escrito Luisa Gil, a la que quiero expresar mi gratitud más sincera por el prólogo y por "reclutarme" para Playa de Ákaba. 

Dice Luisa:

¿Es la doctora o es la escritora quien coge el bisturí y analiza el alma? Indudablemente son ambas escribiendo a cuatro manos sobre un único teclado siguiendo la sintonía que interpreta una aguda autora que se llama Avelina Chinchilla. 

Y en cada relato se muerden las entrañas de una personalidad diseccionada con la profesionalidad de un certero forense que sabe dónde buscar la herida, el mal o el corazón que dirigió una existencia. ¿Qué pensamientos, qué conjuros llevan a una persona a suicidarse? ¿Qué sentiré cuando mis canas y mis achaques me hagan ser un estorbo a los demás y haya perdido a quienes tanto quise? ¿Cómo se me presentará ese último suspiro que acabe con mi respiración y mi pensamiento?  
          
«Las heridas del alma duelen más» pone Avelina en boca de un superviviente Federico García Lorca cuando relata cómo la vida nos patea sin consideración y termina con la muerte siempre en soledad.

Así es la vida. 

sábado, 25 de marzo de 2017

Madre Tierra


Siempre fui una madre generosa:
me bastaba para nutrir a todas las criaturas
acogidas en mi seno. Os di un hogar provechoso.
Atendí vuestras necesidades desde que se me distinguió,
en singular privilegio, con el don de la vida.
Vuestros hermanos mayores supieron cuidarme,
entregándome íntegra a las generaciones venideras.
Pero vosotros, mis hijos más ingratos, me explotáis,
me abusáis, me esquilmáis, me contamináis…
ni me reconozco convertida en este estercolero.
Soy una vieja prematura y mis pechos están yermos.
Agonizo. Socorredme pronto.
Yo, vuestra madre Tierra.

Con este poema quedé finalista el la antología SEMILLAS DEL BOSQUE, de Playa de Ákaba

martes, 21 de marzo de 2017

Un poema es




Hoy, 21 de marzo es el día de la poesía y por eso os quiero dejar este poema, que es de los primeros que compuse, titulado:
Un poema es 
Un poema es...
un punto en el océano
mirado con lupa, 
un sentimiento disecado.
Algo que nunca ocurrió, 
intangible y sin materia.

Palabras que se hilan, se entretejen
componiendo una historia mínima 
que el poeta
amplifica y empequeñece según su antojo,
que distorsiona, que deforma
y que transforma
al pasarla por el crisol de su pluma.
  
Un poema es...
una estrella en el firmamento, 
un grano de arena,
un bosque en el que trinan los pájaros,
la corriente turbulenta de un río
y la cristalina transparencia de un lago.

Palabras que nos hablan
directas al corazón,
de la soledad, del silencio,
de ilusiones y anhelos,
de tristeza y desesperación,
de dolor, de amor
y de todas aquellas cosas
que forman parte de la vida cotidiana,
y a las que no damos, apenas, importancia.

Un poema es...
el vaivén de las olas en la playa,
los ojos de la persona amada,
una tormenta de verano,
una mirada cálida,
el perfume de una rosa,
la música que embriaga,
una frase de aliento,
la luz de una llama,
el latido de un corazón sombrío,
el olor de la tierra mojada.

Audiopoema 

domingo, 19 de marzo de 2017

Cautiva (parte 2): Me despido


Anoche vino Javier, mi marido. Al llegar me besó en los labios y me agarró de la mano, como siempre. Pero a partir de ese momento las cosas se desarrollaron de manera diferente. Lloró de manera desconsolada durante mucho rato. Como no puedo mirar el reloj, no sé exactamente cuanto, pero se me hizo una eternidad. Yo hubiera querido hacer algo para confortarlo. No puedo verlo así, porque me entristece demasiado. Prefiero verlo alegre, aunque sea una alegría falsa, una careta que se pone para hacerse el fuerte delante de todos. Pobre… Mi situación es mala, pero la suya tampoco es envidiable. Tan joven y ni viudo ni casado, sino todo lo contrario. Encima, haciendo de madre y padre para nuestros hijos. ¡Cuánto me gustaría ayudarlo!

Al cabo de un buen rato, cuando ya se desahogó, se enjugó las lágrimas y comenzó a hablarme.

―Virginia, querida. La de hoy no es una visita más. He venido a decirte algo muy importante… No puedo ser tan egoísta. No puedo retenerte más. Tú lo sabes…

De repente se interrumpió y se recostó en la cama junto a mí. ¡Dios, cuánto tiempo sin sentir su cuerpo junto al mío! ¡Cuánto tiempo sin sentir palpitar su corazón!

―Lo he estado hablando con Marta y los doctores que te llevan aquí, en el hospital. Estamos todos de acuerdo y te vamos a desconectar. Para que descanses por fin… Por tu bien, por el de todos…

No me podía creer lo que decía. «¡Para ya! ―trataba de decirle mentalmente― ¿Pero no ves que estoy viva todavía? ¿Tan solo tengo cuarenta y dos años? ¿De verdad crees que estoy preparada para morir?».

—Será mañana a primera hora. Te sedarán y luego seguirán el procedimiento habitual. Es para asegurarse de que no sufras nada… Lo siento, mi vida, perdóname ―me susurró al oído y me besó de nuevo.

Luego se marchó.

No he podido dormir en toda la noche y aquí estoy, esperando mi muerte. Mi rebelión inicial se ha trocado en resignación. Soy una especie de fantasma. Creo que al final no es tan mala idea. Sé que me liberaré por fin de este cuerpo inútil. Pero confieso que tengo miedo, no a la muerte en sí, sino a dejar de existir. No dejo de preguntarme si hay otra vida. Si hay un alma que trasciende a la materia de la que estamos hechos.

Os dejo, que ya vienen a prepararme…

domingo, 12 de marzo de 2017

Cautiva (Parte 1): Me paso la vida esperando

¿Sabéis qué significa el síndrome de enclaustramiento? Yo tampoco tenía ni idea hasta hace unos meses. Os lo voy a explicar. ¿Os imagináis estar plenamente conscientes dentro de un cuerpo inerte, que no responde a ninguna orden del cerebro? ¡Pues de eso se trata! ¿Horrible, verdad? ¿A que tan solo de pensarlo se os pone la carne de gallina? A mí también. Es que no me acostumbro a la situación. Veo a los médicos y enfermeras hablar entre sí, aunque nunca se dirigen a mí. Ellos creen estoy en coma, pero no es verdad: tan solo tengo un cuerpo desconectado de mí misma, un cuerpo que no me obedece.
Oigo y entiendo todo cuanto dicen. Escucho sus pasos o sus voces acercarse por el pasillo y ya sé a qué vienen. Por la mañana, a primera hora, toman la temperatura a todos los pacientes. Después traen el desayuno, que a mí me dan por sonda, al igual que el resto de las comidas, ya que no puedo tragar por mí misma. A continuación vienen las auxiliares a lavarme y hacer la cama y, un poco más tarde, los doctores pasan la consulta. Luego, la hora de la comida, por la tarde las visitas, la cena, hora de dormir y otra vez vuelta a empezar. Y así día tras día.
En algunas ocasiones sucede al revés, primero vienen los doctores y luego me asean. Tengo que decir que esa situación me violenta muchísimo. Prefiero estar ya arreglada y oliendo a colonia cuando llegan. ¿Qué queréis que os diga? Siempre fui muy coqueta y no voy a cambiar a estas alturas por muy impedida que esté.
En mi nueva vida, que casi sería mejor llamar no vida, me aburro mucho. Tengo demasiado tiempo para pensar, que es lo único que puedo hacer además de ver, oír y callar.
En cuanto a la vista, estoy condenada a mirar el techo o la pared la mayor parte del tiempo, lo cual llena mis horas de tedio. A veces me entretengo buscando pareidolias. Si me concentro puedo distinguir claramente los trazos de un paisaje campestre, con el sol ocultándose tras las montañas. Me imagino que yo estoy allí, sintiendo la brisa del atardecer en el rostro. Hasta me llega el aroma del romero y la lavanda… Pero ya me cansa también ese pasatiempo.
A veces me giran del lado del aparato que me hace respirar. Entonces me entretengo mirando la pantalla, con los gráficos y cifras que van cambiando según introduce o saca el aire en mis pulmones. Tiene algo hipnótico que me encandila y me mantiene distraída durante horas.
Tan solo cuando alguien se cruza de manera casual en mi campo de visión, puedo ver a alguna persona. Bueno, también veo a mi familia cuando me visitan porque se suelen acercar a besarme, a abrazarme. Además de verlos, puedo sentir algo de calor humano. ¡Mi piel contra otra piel!
La verdad es que estoy rodeada de gente a todas horas, pero me siento muy sola. Nadie puede acompañarme durante mucho tiempo en el lugar en el que estoy: atrapada en mi propio cuerpo. A pesar de mi patente corporeidad, soy invisible a los ojos de los demás. En general, actúan como si yo no estuviera.
―Pobrecitos, los niños. Quedarse sin madre tan pronto. ¡Lástima! ―«Marta, hermana, mírame a los ojos. Escucha mi voz interior. Sigo aquí. ¿Pero es que no te das cuenta?»―. ¡Criaturas! Menos mal que aún les queda su padre ―añadió entonces para mi desesperación.
Mi hermana Marta, mirando el lado positivo… Es así, no lo puede remediar: optimista por naturaleza. Ya puede suceder la mayor tragedia del mundo que ella siempre piensa que hay que dar gracias porque podría haber sido peor. Me gustaría decirle que me los trajera, a mis niños. ¡Tengo tantas ganas de verlos! ¿Pero cómo? Si no puedo hablar ni moverme. ¿Cómo podría hacerme entender?
Sé que Marta me quiere, pero nunca hemos tenida esa clase de conexión que tienen otras hermanas gemelas. De lo contrario lo sabría… Sabría que mi mente sigue aquí dentro. Marta, me quedaron por decirte tantas cosas y ya no podré. ¡Yo también te quiero tanto…! Ahora tienes que vivir mucho y bien. ¡Por las dos!


Continurá aquí 

jueves, 9 de marzo de 2017

Desafíos Literarios 1

Este pasado sábado volví al María Pandora de Madrid para la presentación del libro Desafíos Literarios 1, la primera criatura de los autores desafiantes de la web desafíosliterarios.com. 
Fue estupendo conocer en persona a todos los compañeros de armas (no quiero nombrar a ninguno
en concreto por no dejarme a nadie pero ahí estuvimos todos estupendos). También estuvo Enrique Brossa, alma mater de toda esta historia (en sus propias palabras el dueño del balón con el que jugamos en el patio).  Hubo lleno total y tanto el público como los autores lo pasamos genial en un ambiente de lo más distendido. Como muestra de ello os dejo el vídeo de presentación.
 




 Se grabó un vídeo en directo del evento. Os dejo el enlace AQUÍ.


martes, 28 de febrero de 2017

La luna en agosto (Capítulo III)




―III―

Tras la terrible discusión que había mantenido con Alicia, Ignacio había vagabundeado sin rumbo durante un par de días. Al fin, la noche anterior había recalado en casa de Emilio, su jefe además de amigo. Llegó muy bebido,  a decir de él mismo, con una buena cogorza, moña, merluza, melopea, tajada, curda, pedal… ―se podría decir que conocía todos los sinónimos de borrachera que se encontraban en el diccionario y algunos más―.

Le habían dejado dormir la mona en el sofá y se había despertado, ya por la mañana, en unas condiciones bastante lamentables. Después de todo, se daba cuenta de que no había sido tan buena idea tratar de olvidar sus penas mediante el consumo desenfrenado de bebidas espirituosas. Abundando más en el tema, no había conseguido su principal propósito, ya que seguía recordando punto por punto todo lo ocurrido, y además era consciente de ser el único culpable por comportarse con Alicia como un auténtico zoquete.

No había sido capaz de aplacar la ira de Alicia y eso le preocupaba. Sentía que su relación con ella, que era lo único que de verdad le importaba, se le estaba yendo de las manos. Solo sabía que la quería con locura, que era lo mejor de su vida y que estaba dispuesto a todo con tal de que las cosas volvieran a ser como antes.

¿Cómo había podido enterarse de su aventura en esos pocos días en los que ella se había ausentado de la ciudad para visitar a su hermana? Desde entonces no había hecho otra cosa que escurrir el bulto, creyendo que ella se olvidaría del tema. Pero esa conducta, lejos de apaciguarla, la enfurecía todavía más y las cosas entre ellos habían ido de mal en peor hasta que la situación se había descontrolado por completo.

Se sentía culpable al margen de que ella lo hubiera descubierto. No solo no le había sido fiel a ella sino que tampoco había sido fiel a sí mismo. Eso le hacía sentirse incómodo, incluso cuando ella callaba, pareciéndole entonces, que aquello era un mudo reproche por su parte. Se mostraba lejano porque se sentía avergonzado por su comportamiento.

Por el contrario, Alicia creía que era porque ya no la quería. Cada vez la distancia entre ellos se había ido haciendo más grande.  Ahora ya parecía un abismo insalvable.

Todo había sucedido de forma casual. Él había salido a tomar unas cañas por la noche, a ver si se encontraba con alguno de sus colegas del barrio, ya que tras su marcha, la casa se le venía encima.

Sin embargo, con quien se topó de cara, fue con una maciza que no se cortó en tirarle los tejos de una forma descarada. Al principio se hizo el estrecho, pero Ignacio acabó seducido por su insistencia y su enorme sex-appeal. Si Alicia hubiera estado cerca de él en ese momento crucial todo hubiera sido diferente, pero ella se hallaba a muchos kilómetros de distancia y su solo recuerdo no fue suficiente para que Ignacio pusiera freno a sus instintos libidinosos. Entonces ocurrió lo inevitable.

No se sentía especialmente satisfecho por lo sucedido. Incluso una vez pasada la euforia del momento no había parado de remorderle la conciencia, no haciendo si no reprocharse su conducta una y otra vez. Pero sí, se los había puesto a Alicia hacía apenas un par de semanas.  Y bien grandes, por cierto.

Estaba seguro de que Alicia lo sabía o, cuando menos, lo sospechaba y él estaba echando a perder el amor de su vida por culpa de aquella fatídica noche en la que no estuvo a la altura. Aunque ya había tomado una decisión al respecto: volvería a casa, se lo confesaría todo con valentía y le pediría perdón de forma humilde y sincera. Tal vez así conseguiría una segunda oportunidad.

Sin embargo, su situación parecía más que complicada. Invadido por completo por el pesimismo, no pudo más que rememorar su doloroso pasado. Entonces resurgieron sus antiguos fantasmas y tuvo miedo de encontrarse otra vez caminando por el filo de la navaja.

Su adolescencia y primera juventud habían sido bastante problemáticas. Por circunstancias diversas había tenido que  crecer solo, a su aire, sin una figura de autoridad que lo guiara.

A pesar de que había conseguido, en último término, sobrevivir a los ambientes marginales y a las malas compañías, había tenido que pagar un alto precio por ello. Aun así no podía quejarse del todo, ya que sabía de muchos que habiendo pasado por vicisitudes similares, habían sucumbido ante ellas, víctimas de la mala vida y anclados en una existencia miserable. Así que su historia era en realidad tan corriente y triste como tantas otras que había tenido la desdicha de conocer de primera mano.

Su padre había sido un taxista borrachín que les pegaba a su madre y a él cada vez que llegaba ebrio a casa, cosa que ocurría con frecuencia. Por suerte se mató en un accidente de tráfico, antes de conseguir desgraciar de una paliza a ninguno de los dos.

Aunque ambos quedaron en una situación económica muy precaria tras la muerte de su progenitor, y aun contando con la pequeña indemnización que les correspondió, Ignacio recordaba como dichosa la época en la que habían vivido solos su madre y él.

Por desgracia, aquello tampoco duró mucho, pues su madre había nacido sin estrella y falleció de un  terrible cáncer que la fue carcomiendo por dentro en cuestión de unos pocos meses, cuando él apenas contaba quince años.

Sin ella se encontró en total desamparo y tuvo que sobrevivir con los pocos recursos de que disponía. Prácticamente vivía en la calle. Todo lo que sabía lo aprendió en ella, y después, esta, prestamista siempre usurera, le cobró su tributo en forma  de algunos años de correccional.

A pesar de su mala fortuna, fue lo bastante listo como para aprovechar ese periodo entre barrotes aprendiendo un oficio. De esta forma se convirtió en un buen carpintero, cosa que le permitió  ganarse bien la vida cuando salió en libertad.

Llevaba trabajando varios años en la carpintería de Emilio, quien no había tenido inconveniente en contratarlo a pesar de sus antecedentes. Si había albergado algún recelo hacia él por su condición de exconvicto, nunca se lo había hecho saber y, pese a esa mácula en su biografía, con el tiempo se habían convertido en grandes amigos, casi hermanos, y se tenían confianza plena. De hecho, Emilio le acaba de dar una gran muestra de amistad al acogerlo en semejante estado.

Pero retomando la crónica de su pasado, lo cierto era que Ignacio había salido de aquel mal trance con la lección bien aprendida y ya hacía mucho que no había vuelto a tener ningún encontronazo serio con la ley. Hoy en día, a punto de cumplir los treinta y dos, era un hombre totalmente centrado.

Desde que estaba con Alicia se sentía feliz, quizá por primera vez en toda su vida, aunque nunca se había atrevido a contarle nada de su tortuosa vida anterior. Por supuesto tampoco que su triste infancia, y no otro, era el motivo por el que se negaba en rotundo a tener hijos. No quería que sufrieran todos los sinsabores que él había tenido que soportar.

Pese a ello se daba cuenta de lo absurdo de esa idea porque sabía que hubiera sido incapaz de comportarse con una criatura como su padre lo había hecho con él. Es más, casi estaba seguro de que podría llegar a ser un buen padre si es que, a pesar de su vehemente oposición, estaba escrito en su destino que ello le sucediera alguna vez.

Pero un miedo solapado e irracional hacía que no quisiera siquiera oír hablar del tema y siempre que Alicia le había insinuado la posibilidad de tener un bebé, él había acabado cerrándose en banda.

domingo, 19 de febrero de 2017

Crimen de honor, tercera y última parte. Una visita de cortesía



Los dos detectives se dirigieron rápidamente hacia allí. No les apetecía en absoluto dar la mala noticia al padre, pero era parte del trabajo.

Eljall estaba alojado en una suite. Les recibió en la sala previa al dormitorio y les invitó a sentarse en el inmenso sofá.

—Señor Eljall. ¿Desde cuándo no ve a su hija Lamya? —Fue Schneider quien habló.

—Hace su vida en Londres y apenas la he visto en los últimos años. —El rostro de Eljall se crispó cuando comenzó a hablar de ella. Se notaba que abordaba un tema espinoso—. Fue una etapa muy difícil de superar porque no acataba mi autoridad ni la de su madre y no quería seguir nuestras normas. Ahora ya no pertenece a nuestra familia. Ella lo quiso así…

No se esperaban ese tipo de respuesta. El hecho de que la relación entre ambos fuera tan tensa acababa de convertir al padre en su primer sospechoso.

—Me apena oírle decir eso —dijo Farid circunspecto—. Aún así, tengo la triste obligación de comunicarle que esta mañana se ha encontrado su cuerpo en el Isar.

A pesar de la fatal noticia, el rostro de Eljall se mantuvo pétreo, sin rastro de emoción.

—Me haré cargo de sus restos. Cumpliré con esa dolorosa obligación —contestó de manera escueta, aunque con un ligero temblor en la voz—. Es lo último que puedo hacer por ella.

—Me temo que no es tan sencillo, señor Eljall. En estos momentos hay una investigación abierta. Hasta que no concluya no le podremos entregar el cuerpo. Dígame: ¿Sabía que ella estaba en Múnich? — añadió Schneider.

—Sí —admitió sin ambages—. Nos vimos ayer por la tarde en los jardines situados bajo el puente de Maximilians.

Schneider y Farid pusieron los ojos como platos. Nunca habrían esperado tanto de lo que, en principio, tan solo era una visita de cortesía.

—¿Y qué pasó? ¿Nos lo puede contar? —le preguntó Farid.

—No se imaginan lo que sentí al verla después de tanto tiempo. ¡Mi única hija! ¡Mi niñita! ¡Estaba radiante! Olía a jazmines y tenía la mirada serena. Vino con su niqab, lo cual me complació. Entonces hicimos las paces. ¡Ojalá todo hubiera quedado ahí!

Los dos detectives cruzaron entre sí una mirada cómplice, pero permitieron que Eljall continuara hablando sin interrumpirle.

—Entonces le desprendí el velo para besarla, vi esa cosa horrible que llevaba en el labio y se me volvió a romper el corazón Me puse furioso, pero me contuve. Tan solo le supliqué que se la quitara…

—¿Y ella le hizo caso? —le preguntó Farid, al ver que se había detenido.

—Todo lo contrario. Se exaltó y discutimos de manera acalorada. Me dijo que quería vivir la vida a su manera. Que yo no tenía ningún derecho a entrometerme. Que ese era el motivo por el que jamás volvería a casa. Luego me confesó iba a tener un hijo sola. No tenía intención de casarse con el padre. Estaba completamente decidida. ¿Se figuran el dolor que eso me produjo…?

Su rostro perdió la rigidez por unos instantes y dejó escapar un sollozo apagado, pero se recompuso al instante.

—¿Entonces, qué más ocurrió?—dijo Schneider muerto de impaciencia. Sabía que Eljall estaba a punto de caramelo.

—Simplemente perdí los estribos. Quise abofetearla pero ella me esquivó. Forcejeamos y le arranqué el maldito piercing o cómo se diga de un manotazo. Vi la sangre correr y en ese momento me volví loco. La agarré por el cuello y apreté y apreté… hasta que se desplomó en mis brazos como una muñeca de trapo. Luego me di cuenta de lo que había hecho y la arrojé al río. Fue lo primero que se me ocurrió. Pensé que la sangre y el agua se unirían para lavar mi afrenta. Eso es todo, agentes.

Los detectives habían escuchado el testimonio con mucha atención. Fue la confesión más fácil que hubieran obtenido nunca. Se alegraban enormemente de haber resuelto el caso con tanta rapidez. Schneider tendría su fin de semana libre y ambos se ahorrarían otra engorrosa visita al doctor Neumann. Pero Farid no pudo resistirse a hacerle una última pregunta.

—¿Por qué nos lo ha puesto tan fácil, señor Eljall?

—¡Veo que quieren saberlo todo! Una actitud muy previsible por su parte. —Sonrío con sarcasmo—. Se lo diré. Desde que les vi entrar, supe que antes o después averiguarían toda la verdad, de modo que no tenía ningún sentido demorar lo inevitable. Ahora, si me permiten despedirme de mi esposa iré adónde quieran llevarme. Y por favor, una última cosa. ¡No me juzguen con demasiada dureza! Lo crean o no, yo quería a mi hija.

Fin