martes, 1 de noviembre de 2016

Tanta paz




Nunca había contemplado tanta paz en su rostro
cómo en aquel momento en que nos dio su adiós.
Se fue silencioso, como una apacible tarde de verano
dando su bienvenida a la gris penumbra;
como una hoja al caer en otoño
mecida con dulzura por la suave brisa;
como un niño sigiloso cometiendo su travesura,
escabulléndose para no ser descubierto;
como el sueño apacible de un bebé recién comido,
feliz y satisfecho al arrullo de su madre.
Las sombras penetraron en la alcoba
con la cautela de un ladrón de guante blanco,
como un tigre al acecho de su presa y él…
él cayó en brazos de la negra noche de la muerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario