domingo, 9 de octubre de 2016

La cara oculta (VI y fin)



Por fin, un día expiró el plazo. Había pasado el periodo estipulado y Marta se había esfumado por completo. Ni siquiera las pesadillas nocturnas le atormentaban ya. Esa noche había quedado con unos compañeros de trabajo, pues era viernes, para ir a tomar unas copas. Los más avispados habían intuido su crisis, pensando, los ingenuos, que la soltería, ya entrado en años, era lo que le pesaba. Algunos, con toda su buena intención, lo habían invitado a casa por Navidad, ya que sabían que él carecía de familia. Otros, más atrevidos, le había presentado un sinfín de mujeres casaderas que la iban como anillo al dedo. En ocasiones habían insistido tanto, que no había tenido más remedio que invitar a la muchacha de turno, nada más que para quitárselos de encima. Pero todos, hasta los mas pesimistas habían visto con agrado como con el pasar de los meses su humor mejoraba, y esa noche, accedía por primera vez en mucho tiempo a salir a divertirse con ellos.

Recorrieron todos los locales de copas que encontraron abiertos. Luis, en honor de su redención, como decían en tono de sorna sus compañeros, pagó varias rondas. Criticaron a sus mujeres, se rieron con chistes picantes, se contaron con la mayor indiscreción todos los chismorreos de la oficina, y, ¿Cómo no? Pusieron más verde que una hoja de perejil al imbécil de Alberto Cedillo, que para entonces ya había sido nombrado subdirector. Toda esa demostración de alegría, aunque en buena parte artificial y ficticia, había complacido sobremanera a Luis, que no se había sentido de tan buen humor desde hacía muchos meses.

Por fin, después de la última ronda, que también corrió a cargo de Luis, se despidieron. Eran las cinco de la mañana y no había ninguno en todo el grupo que pudiera caminar en línea recta. La juerga había sido de órdago. En un primer momento, Luis pensó en ir a por el coche, pero se daba cuenta de que estaba ebrio. Se dijo que sería una lástima estropear una noche tan divertida por una posible multa de tráfico, o peor aún, por un tonto accidente. Por eso se dio la vuelta, para volver al último local donde habían estado, con la intención de pedir un taxi. Pero Luis nunca volvió. Aterrado vio como un coche aparecía de repente y se abalanzaba sobre él. Murió en el acto, pero antes del impacto pudo ver el rostro de la conductora. Le pareció Marta. Pero claro, sin duda eso fue la alucinación de un hombre que sabiéndose culpable se enfrenta cara a cara con la muerte.

El coche desapareció sin dejar rastro. No hubo testigos. El cuerpo fue encontrado por los basureros a las seis de la mañana, cuando iban de retirada. Fue identificado gracias a su documentación, pero por no tener familia, ni nadie que se hiciera cargo de su entierro, su cuerpo estuvo a punto de ir a parar a la facultad de Medicina para regocijo de los estudiantes, siendo rescatado in extremis por sus compañeros de oficina, quienes le homenajearon en su hora póstuma con un magnifico funeral y, además, pusieron una esquela en el periódico en su memoria. Sus compañeros lamentaron de veras la muerte de Luis, porque, en realidad este era muy apreciado en su oficina.

Cuando Laura leyó la esquela en el periódico se afectó mucho. No había sabido nada de él durante años, pues al separarse había cambiado de trabajo. «¡Qué mala suerte había tenido el pobre!». Primero la vida tan solitaria que había llevado siempre, sin familia, y ahora la muerte le sorprendía de improviso en plena madurez. Recordó que había estado enamorado de ella y que había sufrido un duro golpe cuando Alberto y ella decidieron casarse. Aunque había tratado de ocultarlo a todo el mundo ella lo sabía con certeza, lo conocía bien. Mientras continuaba sorbiendo el café, al tiempo que ojeaba el periódico, y una lágrima furtiva resbalaba por su mejilla, Laura pensaba en cuanto mejor la hubiera ido si se hubiera casado con Luis. «Él si que me quería, y además, era tan buena persona», se dijo entre suspiros…

Fin.

2 comentarios:

  1. gustan muchos tus escritos.felicitaciones.

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  2. Muchas gracias 😊. Será porque yo también disfruto al escribir.

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