jueves, 15 de septiembre de 2016

La cara oculta (V)


Transcurrieron tres días y todo estaba en calma. Tan solo una escueta nota en la sección de sucesos del periódico local daba cuenta del suceso. Paradójicamente, Luis comenzaba a inquietarse. La seguridad y el aplomo que había mostrado al principio iban desapareciendo poco a poco dejando paso a una preocupación cada vez mayor. Por un lado, no le parecía normal que ningún vecino le hubiera comentado nada, y por otro, si la policía albergaba alguna sospecha ¿Por qué no se ponía en contacto con él? Cada vez que sonaba el teléfono daba un respingo, pensando que era la policía que venía por él. Pero no, la policía no parecía saber que Luis existía. Y así, con esta zozobra continua, comenzó a discurrir otra vez su monótona vida. Los días transcurrían tensos, aunque tranquilos, pero las noches se convirtieron en un auténtico infierno. Luis tenía que atiborrarse de alcohol y pastillas para conseguir dormir, pero cuando lo conseguía solía ser presa de extrañas pesadillas. En ocasiones soñaba que cuando se agachaba para comprobar que la mujer estaba muerta, inesperadamente sacaba un cuchillo y se lo clavaba en el corazón, matándolo en el acto. Otras veces era la policía la que no paraba de acosarlo hasta hacerle confesar, y él no pudiendo afrontarlo, se arrojaba al vacío para evitar la cárcel y la vergüenza. Las variaciones en sus sueños eran infinitas y se despertaba de ellos aterrorizado, con un sudor frío cubriéndole todo el cuerpo y un sabor acre en la boca. Intentaba, después, mantenerse despierto a toda costa, pues sabía que si se dormía, el sueño invariablemente se repetiría, igual de angustioso que siempre. Solo cambiarían pequeños detalles.


Cuando pasaron varias semanas sin ninguna novedad, la angustia de Luis, comenzó a decrecer. Poco a poco sus noches fueron cobrando algo de tranquilidad y de vez en cuando transcurría alguna en que su sueño no se viera turbado por las habituales pesadillas, que cada vez iba sufriendo de forma mas espaciada. Llegó un momento en que las noches en que dormía tranquilamente y de un tirón, eran más frecuentes que aquellas otras en las que se veía aterrorizado por los malos sueños. Ahora, ya pensaba que podía ser verdad, que no tendría que pagar su crimen, se regodeaba en esta idea y comenzaba a olvidar lo terriblemente preocupado que había llegado a sentirse. No obstante, en algún momento bajo, volvían a asaltarle las dudas y pasaba un par de noches en que las pesadillas volvían con ánimo renovado y ligaras variaciones. Por ejemplo, Marta tenía un novio que sabía que él era el asesino y volvía para vengarse, o la propia Marta que en realidad no había muerto, o tal vez sí, pero que tenía la cara horrendamente desfigurada se tomaba la justicia por su mano. A veces, simplemente trataba de atemorizarlo mediante apariciones súbitas e inesperadas. Pero, una vez pasaban esas pequeñas crisis, ya volvía Luis a tener confianza en sí mismo.


Decidido o a volver as vida de antes, Luis se impuso un plazo. Si transcurridos seis meses del suceso nadie lo tenía por sospechosos, él haría lo posible por borrar de su vida cualquier rastro del mismo… Sería como si Marta nunca hubiera vivido en su edificio, como si nunca la hubiera conocido, como si nunca hubiera existido. Volvería a sus esporádicas escapadas nocturnas con prostitutas, que si sobrevivían no le delatarían y si morían a nadie preocupaban.


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