domingo, 22 de mayo de 2016

Paisajes obligados



Alicante semidesértica, 
paisajes que en estío           
parecen tomados de un western
con matojos resecos cruzando la calzada
llevados por el viento de poniente.

Un Cañón del Colorado en miniatura
de arenisca erosionada por los vientos,
por las lluvias torrenciales;
paisaje sin aparente movimiento.

Tan sólo Carrasqueta arriba
la montaña comienza
lentamente a verdear.
Algunos olivos y almendros
hacen que olvidemos
el paisaje lunar.



Un poco más arriba
encontramos el matorral
romero, tomillo y otras hierbas,
más adelante un pinar,
y, ya en lo alto, las carrascas:
esas pequeñas encinas
que dan su nombre al puerto,
con sus hojas perennes,
verdes como los olivos
y sus troncos de formas caprichosas
y copas retorcidas y chaparras.

En los días claros y soleados
es imponente
ver toda la costa recortada,
desde Benidorm hasta Torrevieja,
y si te fijas bien,
se ve la silueta de Tabarca,
y, al fondo el cielo
se junta con la montaña
en un paisaje que parece
pintado por un inspirado Leonardo.

Pero en invierno todo cambia;
se pone un nubarrón sombrío,
un nubarrón que cuando llegas al alto,
y comienzas el descenso,
por el otro lado,
parece que entres en
una dimensión irreal.

Cuando hay un día soleado
es espectacular
ver islas cuyo mar
es de nubes blancas.

Pero la mayoría de las veces
llovizna o nieva en medio
de una niebla densa,
y quisieras escapar
de una pesadilla que
solo acaba de comenzar.
Te preocupas, piensas
que a la vuelta no podrás pasar...


          

No hay comentarios:

Publicar un comentario