sábado, 9 de abril de 2016

El terrorismo financiero (Los papeles de Panamá)



Vaya por delante que mis conocimientos de economía son bastante limitados: soy una persona que vive únicamente de su sueldo en la sanidad pública. Sin embargo, no puedo quedarme impasible, sin expresar mi opinión ante las últimas noticias acerca de los llamados papeles de Panamá, otro grandísimo escándalo financiero que ha conmovido al mundo en esta última semana, y con este ya van unos cuantos.
Por una filtración nos hemos enterado de que algunas personas muy conocidas de todos los ámbitos sociales y de múltiples nacionalidades tienen o han tenido participación en empresas opacas o también llamadas offshore, que decirlo en inglés siempre queda más fino, radicadas en ese país centroamericano. Yo no voy a señalar a nadie con el dedo, eso lo están haciendo otros, y muy bien, por cierto. 
Lo que yo quiero expresar hoy es mi indignación y repulsa a ese tipo de terrorismo solapado practicado por cierta gente VIP y cantidad de patriotas de pacotilla. Sí, han leído bien, esto es terrorismo y los que lo practican son terroristas que también matan, aunque de una forma mucho más lenta y sibilina que aquellos que lo hacen con bombas. 
Matan cuando al descapitalizar su país mediante la evasión o elusión de impuestos reducen las partidas que sus gobiernos dedican a la sanidad, a la educación y a otros aspectos sociales claves como la ayuda a personas dependientes. Todo esto no son entelequias abstractas: una sanidad peor se reflejará a la larga en un disminución de la esperanza de vida; recortar los recursos en educación repercutirá directamente en la formación de los niños y jóvenes pertenecientes a las clases más desfavorecidas que  irán perpetuando su pobreza generación tras generación como se ha comprobado en un reciente informe elaborado por Cáritas y no atender a los dependientes y escatimar el presupuesto dedicado a ellos es de una cicatería e injusticia impresionantes ya que son el colectivo más vulnerable e indefenso de toda la sociedad.
Pero ahí no acaba todo. Los impuestos evadidos repercuten directamente en el PIB de cada país haciendo que las economías se hundan o, en el mejor de los casos, no prosperen como sería necesario y deseable. Esto genera despidos masivos. Los parados si no encuentran otro trabajo, a veces se tienen que conformar con uno mucho peor pagado que el anterior, ven como su vida se arruina por completo: no pueden hacer frente a sus gastos corrientes e hipotecas, sufren penurias de todo tipo con cortes de los suministros energéticos y, en el peor de los casos, llega el desahucio. En España sabemos de muchos suicidios que se han producido en estas tristes circunstancias: estas muertes también tienen que recaer de lleno sobre las espaldas de estos terroristas financieros. 
Y los estados qué hacen: ver, oír, callar y, sobre todo, consentir. Triste e indigno.

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