lunes, 24 de abril de 2017

Literania 2017


Ya de vuelta de mis minivacaciones quiero traeros un gran evento literario que no os podéis perder: se trata de Literania 2017, el festival literario de los autores independientes. Se ha organizado conjuntamente por la Asociación Internacional de Escritores Independientes (AIEI) y la Sociedad Cooperativa de Escritores Independientes (SCEI). Si eres autor y te interesa el evento tienes el dossier a tu disposición. Tendrá lugar en el parque de La Vaguada, en Madrid desde el viernes 28 de abril, hasta el domingo 7 de mayo Te puedes descargar el programa pinchando aquí
Habrá muchas actividades tanto para los autores como para el público: ponencias, conciertos, demostraciones gastronómicas, actividades infantiles, representaciones teatrales, recital de poesía y sobre todo libros, muchos libros. Entre los ponentes estarán: Rocío Castrillo, Alberto Vázquez-Figueroa, Enrique Laso, Manuel Salgado, asociación Tártarus, Fernando Fominaya, Ana Nieto Churruca, Ana González Duque, Ainhoa Escarti y Javier Más.
También habrá un maratón de lectura con premios para los participantes (se regalarán los libros que hayan leído durante el maratón y habrá un trofeo para aquellos que hayan dedicado más tiempo a la lectura). Por desgracia yo no puedo asistir, pero mi novela La luna en agosto podréis encontrarla en el stand general y también habrá un ejemplar en el maratón.

viernes, 14 de abril de 2017

Cerrado por vacaciones



Amig@s:
Me tomo unos días de descanso. Os dejo con la contemplación de este impresionante paisaje canario: el Lago Verde, en Lanzarote, isla a la que me dirijo. Nos vemos a la vuelta.
Hasta pronto.




sábado, 8 de abril de 2017

El Savoy

Este es mi relato para la antología Ulises en el Festival de Cannes. La podéis lee también en la web de Espacio Ulises, que premiará al mejor relato con una publicación individual a través de Playa Ákaba. Si quieres participar, consulta aquí las bases. Tienes de tiempo hasta el 19 de abril.


El Savoy


Me lo contó Armando, el dueño del bar Dorado, mientras me tomaba un café rápido antes de volverme a casa.

―¿Te has enterado, Víctor? ¿Te acuerdas…? ¿Dónde el Savoy?

―¡Hombre! El Savoy… ¿Cómo no me voy a acordar? Con los buenos ratos que tengo pasados allí.

En mi rostro se dibujó una sonrisa llena de nostalgia con la sola mención de ese nombre. Aquel era mi cine de referencia, el de mi barrio, el único que había existido en el Palomar desde que yo tenía memoria. Llevaba más de una década cerrado, pero siempre había tenido la ilusión de que sería algo pasajero. Llegaría el día en que un empresario forrado y amante de salas como las de antes se gastaría un pastón en reformarlo y lo reabriría por todo lo alto. Desde que dieron la última sesión tenía la certeza de que algún día el Palomar recuperaría su cine.

―Pues, nada, que me han dicho  que van a demolerlo y abrir un McDonald’s. Ya ves tú que manera de joderle el negocio a uno. Toda la vida luchando para levantarlo y llega una multinacional de esas a quitarte el sustento de tus hijos.

―Hombre, no será para tanto, Armando, tío. Que a los sitios esos no van más que niñatos, ya lo sabes ―traté de quitarle hierro al asunto, aunque aquello también a mí me comía la moral―. Los parroquianos de siempre continuaremos viniendo al Dorado. No te quepa duda. Ya te digo yo que vas a tener clientela hasta que te hartes de ponernos cañas...

Le pagué y me marché a casa. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza aquellas palabras de Armando, porque yo me había pasado media vida en aquella sala y el Savoy significaba mucho para mí. Después de que lo cerraran había añorado su aroma añejo y su aspecto decadente. Allí había visto mis primera pelis de mayores en compañía de mis amigos cuando todavía éramos todos unos imberbes.

Años después, en las butacas de las últimas filas, como era típico entonces, tuve mis primeros escarceos amorosos. Allí estuve con Raquel, con Marina, con Paqui y con alguna más cuyo nombre no me viene ahora la memoria. También llevé a Elvira en nuestra primera cita. Pero con ella quería ir en serio, así que aquella vez nos limitamos a ver la película. Yo astutamente elegí para la ocasión una de miedo, con la idea de que en los momentos de tensión fuera ella la que quisiera arrimarse a mí. La treta me salió tan bien que llevamos juntos más de treinta años y tenemos dos hijos y tres nietos.

Al llegar a casa, Elvira ya me esperaba para la cena. También estaba mi nieto mayor, que se llama Víctor, como yo.

―A ti hoy te ha pasado algo ―dijo nada más verme―. No sé, parece como que traes mala cara, cariño. ―¡Ay mi Elvira! ¡Qué bien me conoce! Para ella soy un libro abierto.

―Nada, mujer. ¿Qué va ser? Que ya es viernes y estoy cansado. Mañana después de haber chafado la oreja a base de bien, estaré como nuevo. Ya verás ―le contesté desviando el tema, ya que no quería cargar al chaval con mis preocupaciones. Ya se lo contaría luego.

―Yaya, a ver si le dices a la mamá cómo haces la tortilla, que a ella no le sale tan buena como a ti. ―Víctor siempre está igual, parece que todo lo que come aquí le sabe mejor que lo de su casa. Cosa de críos, supongo.

―Pues ya me extraña ―dijo ella con la boquita pequeña, ya que esos comentarios le hacen ponerse como una gallina clueca―, si la hace igual que yo. O eso creo… que para eso aprendió de mí.

―Pues algo tiene que ser porque la tuya siempre está más buena, yaya ―insistió el chico―. Aunque ahora, con el McDonald’s ese nuevo que van a poner, te va salir competencia. No creo que puedas hacer las hamburguesas mejor que ellos.

―¿Pero qué McDonald’s dices? ¿De dónde has sacado esa idea, criatura? Porque a mí nadie me ha dicho nada y eso que he estado en la plaza esta mañana.

―Ah, ¿no? Pues en el cole todos hablan de lo mismo. Parece que lo van a hacer donde estaba el cine ese que lleva toda la vida cerrado. ¿Cómo era…? Vaya, que no me sale el nombre ahora…

―¿No estarás hablando del Savoy? ―le preguntó Elvira con cara de incredulidad.

―Muy bien, yaya. Eso es: el Savoy ―dijo el niño entusiasmado―. Ya es hora de que tiren ese edificio tan viejo y pongan algo que valga la pena.

Ella torció el gesto. Entonces la miré a los ojos y vi como una lágrima se le quedaba temblando en el párpado mientras le decía a nuestro nieto en un tono áspero, impropio de ella.

―¿Qué pasa, que todo lo viejo os molesta, o qué? ¿No pueden poner el McDonald’s ese en otro sitio y dejar al Savoy en paz?

Víctor, el pobrecito, se quedó helado. No estaba acostumbrado a esa clase de exabruptos y menos aún de su abuela.

―Mujer, deja que los chavales disfruten. ¿Y a ti que más te da? Si hace un siglo que te digo de ir al cine y no quieres ―tercié yo, tratando de templar gaitas.

Por lo visto, mi intervención logró calmar los ánimos, porque enseguida añadió mientras se le recomponía el rostro:

―Ay, Víctor, hijo, no me hagas caso, que es que parece que ya empiezo a chochear. El yayo tiene razón. Total, el edificio ese ya solo sirve para criar ratas. Seguro que la manzana quedará preciosa y dará mucha vidilla al barrio.

En aquel momento supe que era un hombre afortunado por haber compartido gran parte mi vida con esta mujer excepcional que es Elvira. Sin embargo, el reflejo de sus ojos tristes y cansados me hizo comprender de repente lo viejos que somos. Y me dio mucha pena pensar que una parte de nuestros recuerdos quedará sepultada para siempre bajo los escombros del Savoy.

sábado, 1 de abril de 2017

Y amanecerá otro día



Sale Y AMANECERÁ OTRO DÍA, mi primer libro de relatos publicado por la editorial Playa de Ákaba, que primero me dio la oportunidad de participar en sus antologías y ahora ha confiado en mí para este libro en solitario. Son veintitrés relatos que abarcan desde mi primera época, cuando me atreví a coger la pluma por primera vez, hasta los más recientes. Las historias y los personajes son muy diversos y algunos de ellos ya han pasado ya por las páginas del blog, aunque muchos todavía permanecen inéditos esperando a que los descubráis. Todos ellos están deseosos de convertirse en vuestro favorito.

El lanzamiento está previsto para finales de mes, pero el libro ya se puede reservar en Espacio Ulises.  La maravillosa foto para la cubierta, la ha hecho un gran fotógrafo, el mejor para mí: mi hijo Carlos Lilao Chinchilla.


Como aperitivo os voy a dejar unas líneas del prólogo que ha escrito Luisa Gil, a la que quiero expresar mi gratitud más sincera por el prólogo y por "reclutarme" para Playa de Ákaba. 

Dice Luisa:

¿Es la doctora o es la escritora quien coge el bisturí y analiza el alma? Indudablemente son ambas escribiendo a cuatro manos sobre un único teclado siguiendo la sintonía que interpreta una aguda autora que se llama Avelina Chinchilla. 

Y en cada relato se muerden las entrañas de una personalidad diseccionada con la profesionalidad de un certero forense que sabe dónde buscar la herida, el mal o el corazón que dirigió una existencia. ¿Qué pensamientos, qué conjuros llevan a una persona a suicidarse? ¿Qué sentiré cuando mis canas y mis achaques me hagan ser un estorbo a los demás y haya perdido a quienes tanto quise? ¿Cómo se me presentará ese último suspiro que acabe con mi respiración y mi pensamiento?  
          
«Las heridas del alma duelen más» pone Avelina en boca de un superviviente Federico García Lorca cuando relata cómo la vida nos patea sin consideración y termina con la muerte siempre en soledad.

Así es la vida. 

sábado, 25 de marzo de 2017

Madre Tierra


Siempre fui una madre generosa:
me bastaba para nutrir a todas las criaturas
acogidas en mi seno. Os di un hogar provechoso.
Atendí vuestras necesidades desde que se me distinguió,
en singular privilegio, con el don de la vida.
Vuestros hermanos mayores supieron cuidarme,
entregándome íntegra a las generaciones venideras.
Pero vosotros, mis hijos más ingratos, me explotáis,
me abusáis, me esquilmáis, me contamináis…
ni me reconozco convertida en este estercolero.
Soy una vieja prematura y mis pechos están yermos.
Agonizo. Socorredme pronto.
Yo, vuestra madre Tierra.

Con este poema quedé finalista el la antología SEMILLAS DEL BOSQUE, de Playa de Ákaba

martes, 21 de marzo de 2017

Un poema es




Hoy, 21 de marzo es el día de la poesía y por eso os quiero dejar este poema, que es de los primeros que compuse, titulado:
Un poema es 
Un poema es...
un punto en el océano
mirado con lupa, 
un sentimiento disecado.
Algo que nunca ocurrió, 
intangible y sin materia.

Palabras que se hilan, se entretejen
componiendo una historia mínima 
que el poeta
amplifica y empequeñece según su antojo,
que distorsiona, que deforma
y que transforma
al pasarla por el crisol de su pluma.
  
Un poema es...
una estrella en el firmamento, 
un grano de arena,
un bosque en el que trinan los pájaros,
la corriente turbulenta de un río
y la cristalina transparencia de un lago.

Palabras que nos hablan
directas al corazón,
de la soledad, del silencio,
de ilusiones y anhelos,
de tristeza y desesperación,
de dolor, de amor
y de todas aquellas cosas
que forman parte de la vida cotidiana,
y a las que no damos, apenas, importancia.

Un poema es...
el vaivén de las olas en la playa,
los ojos de la persona amada,
una tormenta de verano,
una mirada cálida,
el perfume de una rosa,
la música que embriaga,
una frase de aliento,
la luz de una llama,
el latido de un corazón sombrío,
el olor de la tierra mojada.

Audiopoema 

domingo, 19 de marzo de 2017

Cautiva (parte 2): Me despido


Anoche vino Javier, mi marido. Al llegar me besó en los labios y me agarró de la mano, como siempre. Pero a partir de ese momento las cosas se desarrollaron de manera diferente. Lloró de manera desconsolada durante mucho rato. Como no puedo mirar el reloj, no sé exactamente cuanto, pero se me hizo una eternidad. Yo hubiera querido hacer algo para confortarlo. No puedo verlo así, porque me entristece demasiado. Prefiero verlo alegre, aunque sea una alegría falsa, una careta que se pone para hacerse el fuerte delante de todos. Pobre… Mi situación es mala, pero la suya tampoco es envidiable. Tan joven y ni viudo ni casado, sino todo lo contrario. Encima, haciendo de madre y padre para nuestros hijos. ¡Cuánto me gustaría ayudarlo!

Al cabo de un buen rato, cuando ya se desahogó, se enjugó las lágrimas y comenzó a hablarme.

―Virginia, querida. La de hoy no es una visita más. He venido a decirte algo muy importante… No puedo ser tan egoísta. No puedo retenerte más. Tú lo sabes…

De repente se interrumpió y se recostó en la cama junto a mí. ¡Dios, cuánto tiempo sin sentir su cuerpo junto al mío! ¡Cuánto tiempo sin sentir palpitar su corazón!

―Lo he estado hablando con Marta y los doctores que te llevan aquí, en el hospital. Estamos todos de acuerdo y te vamos a desconectar. Para que descanses por fin… Por tu bien, por el de todos…

No me podía creer lo que decía. «¡Para ya! ―trataba de decirle mentalmente― ¿Pero no ves que estoy viva todavía? ¿Tan solo tengo cuarenta y dos años? ¿De verdad crees que estoy preparada para morir?».

—Será mañana a primera hora. Te sedarán y luego seguirán el procedimiento habitual. Es para asegurarse de que no sufras nada… Lo siento, mi vida, perdóname ―me susurró al oído y me besó de nuevo.

Luego se marchó.

No he podido dormir en toda la noche y aquí estoy, esperando mi muerte. Mi rebelión inicial se ha trocado en resignación. Soy una especie de fantasma. Creo que al final no es tan mala idea. Sé que me liberaré por fin de este cuerpo inútil. Pero confieso que tengo miedo, no a la muerte en sí, sino a dejar de existir. No dejo de preguntarme si hay otra vida. Si hay un alma que trasciende a la materia de la que estamos hechos.

Os dejo, que ya vienen a prepararme…